La actividad se recupera a niveles de 2015, aprovechando la capacidad ociosa. Pero la inversión, única variable para alcanzar el crecimiento, sigue por debajo de la media latinoamericana

Por Hernán Murúa

El Estimador Mensual de la Actividad Económica que mide el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) registró un aumento del 3,3% en mayo pasado, en comparación con igual período de 2016, ubicándose en el mismo nivel que hace dos años, destaca el último reporte del Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) de la Universidad de Belgrano.
El mayor incremento correspondió al sector de la pesca, con un avance del 38,5% respecto de un año atrás, tras la fuerte caída experimentada en el primer semestre de 2016. Lo siguen el de la construcción, con un alza de 9,3%, debido al impulso público y privado, merced a los planes oficiales de obras y la difusión del crédito para la compra de vivienda. También se recuperan hoteles y restaurantes, con un 5,8%, y transporte y comunicaciones, con un 5,2%.
El sector agropecuario mostró un crecimiento igual al del conjunto de la economía -3,3%-, mientras que la industria manufacturera reveló signo positivo -2,6%-, luego de las caídas registradas entre enero de 2016 y febrero de 2017 y la de abril último. Por el contrario, no mejoró el sector de minas y canteras, que acumula 18 meses consecutivos de caídas interanuales.
El reporte del CENE destaca que, según la información del Instituto de Estadística y Registro de la Industria de la Construcción, el empleo formal en el sector creció en 36.158 puestos de trabajo entre mayo de 2016 e igual mes de este año. La mayor suba se registró en marzo pasado, con casi 15.000 nuevos empleos. Sin embargo, los 403.928 puestos alcanzados en mayo último aún se encuentran por debajo de los 416.150 que registraba el sector en noviembre de 2015.
Además, subraya que el mayor crecimiento económico impactó en un aumento de las importaciones, que treparon un 15,4% en junio último, en comparación con igual período del año pasado. “Típicamente, el aumento de la actividad económica en nuestro país repercute en un incremento paralelo en la importación de materias primas, insumos intermedios y bienes de capital. A ello se sumó, en el mes comentado, una fuerte suba en las compras externas de automotores”, sostiene Víctor Beker, director del CENE.

Inflación: baja pero no lo suficiente
La inflación acumulada a lo largo del primer semestre, según el nuevo Índice de Precios al Consumidor a escala nacional que mide el INDEC, fue del 11,8% (13,8% contando julio), apenas décimas menos que la correspondiente al índice de Capital y Gran Buenos Aires. Ello implica que, para alcanzar el tope máximo de la meta de inflación fijado en 17%, los aumentos de precios en el segundo semestre no deberían superar el 0,77% mensual, señala el informe del Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) de la Universidad de Belgrano. “Si la inflación se mantuviera en el 1,2% mensual hasta fin de año, el acumulado anual se elevaría al 20%”, puntualiza Víctor Beker, director de dicho centro de estudios.

Por el contrario, las exportaciones se ubicaron un 2,6% por debajo del nivel de 2016. El aumento en las importaciones, junto con la desmejora en las ventas al exterior, se tradujo en una caída en el saldo de la balanza comercial, advierte el informe.
Como contracara, se verifica una mejora en el tipo de cambio real, con un atraso cambiario acumulado con relación a diciembre de 2015 que cae al 25,1%, luego de haber llegado a superar el 28% en abril pasado, de acuerdo con la medición del centro de estudios citado.
Su índice calcula el tipo de cambio real tomando como base el valor del dólar en diciembre de 2015, luego del levantamiento del cepo cambiario. Estima la evolución de dicho tipo de cambio hasta el presente, agregándole la inflación en los Estados Unidos medida por el índice de precios al productor. Finalmente, divide ese resultado por la evolución del Índice de Precios al Consumidor para el rubro servicios. De esta manera, mientras la inflación estadounidense mide la pérdida de poder adquisitivo del dólar, el alza local de los precios de los servicios aproxima la pérdida de valor del peso en términos de los bienes no transables.
La recuperación, en ese sentido, tiene que ver con el avance registrado en la cotización nominal del dólar, revirtiendo la presión bajista que acarreaba una continua pérdida de competitividad para la industria nacional. Sin embargo, el actual atraso cambiario implica que, para recuperar el nivel de diciembre de 2015, la cotización de la divisa debería haberse ubicado en 22 pesos.

Sin nuevas inversiones

La recuperación mencionada se da en un marco no muy adecuado, señala el informe del CENE, debido a que la inversión bruta fija representa tan sólo un 15% del PIB medido a precios corrientes, según los datos del INDEC para el primer trimestre de 2017.
De hecho, se trata de un guarismo sumamente bajo, uno de los menores de América latina, cuya media en 2015 fue de 19,4%. De hecho, en Colombia llegó a 25,4%; en México, a 23,2%; en Chile, a 21,6%; en Uruguay, a 19,2%, y en Brasil, a 17,4%, de acuerdo con datos de 2016.
“¿Por qué la tasa de inversión es tan baja en la Argentina? Porque una parte significativa del ahorro interno se realiza en divisas. Los ahorros en dólares, se guarden en el colchón o se giren al exterior, no se canalizan hacia la inversión. Por eso, la Argentina depende de la inversión externa para aumentar la formación de capital”, explica Beker.
“El hecho de que la capacidad instalada actual de la industria esté utilizada en sólo el 65,8% da un cierto margen para una recuperación inicial no atada necesariamente a una mayor inversión. Pero más allá de un repunte coyuntural, un proceso de crecimiento requiere de un nivel de inversión muy superior al actual. Más aún, cuando parte de su exiguo volumen no va dirigido a la inversión productiva sino que toma la forma de la construcción residencial”, precisa.
Cabe señalar, al respecto, que la experiencia de los países emergentes indica la necesidad de un coeficiente de inversión del 25% del PIB para lograr una tasa de crecimiento sostenido del 7%. “La Argentina está lejos de ese nivel; un primer objetivo debería plantearse alcanzar un volumen de inversión del 20% del PIB, similar al promedio latinoamericano. Ello implicaría unos 110.000 millones de dólares anuales, lo cual equivale a un incremento de 27.500 millones de dólares respecto del nivel actual”, completa el economista.