El economista Javier Alvaredo reconoce que la inflación y el déficit financiero son dos problemas graves que heredará el próximo gobierno. Pero ve espacios para actuar, no solo equilibrando las cuentas, sino pensado en el crecimiento.

Por Rodolfo Pollini

¿Con qué escenario entraremos al año que viene en términos de déficit y de gasto?
Con dos problemas graves: el frente inflacionario y el déficit financiero, que a pesar del esfuerzo que se hizo por el lado operativo se escapó por el lado de los intereses. Por el lado del gasto el gobierno hizo un esfuerzo grande, sobre todo en la porción que pudo operar, que es la no indexada, lo que no son transferencias a las provincias ni gasto social, y eso tuvo consecuencias en la actividad económica.

¿En qué, concretamente?
Una vez más, se comprobó que un ajuste fiscal muy fuerte por el lado del gasto, que no termina de ser suficiente, termina afectando el nivel de actividad y de recaudación y no sirve para solucionar el problema de una manera creíble y duradera. El desafío es qué hacer de acá en adelante por el lado fiscal que permita generar algún grado de crecimiento. Eso limita lo que se pueda hacer con el gasto. Como la inflación fue creciente, el poder de compra del gasto social se deterioró y sonaría lógico darle algún impulso. Para atender la cuestión fiscal no va a quedar más remedio que ir por el lado de los impuestos.

¿Hay espacio para hacerlo?
En algunos lados sí y en otros no.

¿En qué sectores ve margen para actuar?
Claramente, los derechos de exportación, que fueron mal diseñados por el Gobierno. Se introdujo un esquema de monto fijo no vinculado con una proporción del tipo de cambio y se equiparó a sectores que no tienen la misma ventaja competitiva. Ahí algo habrá que hacer y esperemos que se haga bien. Hoy la complejidad es diferente de la de 2002, porque buena parte de los costos estaban casi pesificados y ahora buena parte están dolarizados, por lo que hay que ver la ecuación no solo por el lado del ingreso sino por el del gasto. Gente del mismo sector habla de que por ese lado se podrían recaudar tres cuartos de punto del producto.
Después, está la reversión de la reforma tributaria de (Nicolás) Dujovne, que no fue exitosa. Me refiero a la reducción de la alícuota de Ganancias de 35% a 27% y la aplicación de una alícuota a los dividendos. Si se revierte eso hasta hacer una reforma más integral, y se vuelve al 21% en las contribuciones patronales de los sectores de servicios, donde están las empresas más grandes, tenés algo parecido a tres cuartos de punto del producto.
Con la gente que hizo el blanqueo algo hay que hacer también. No digo castigarlos, pero hay una cláusula que deja a la gente muy expuesta. Si te encuentran un activo que no declaraste, perdés los beneficios y terminarías dándole el Estado más del 80% de lo blanqueado. Hay que ver si esa gente está declarando el 100% de su actividad, que en el pasado no lo hizo, y con un plan inteligente y quitándole esa amenaza se podría ir ampliando la base imponible.
En el contexto del acuerdo con el FMI, se puede pensar en un impuesto a quienes tienen fondos en el exterior. Por el lado del blanqueo tenés 25% del Producto, y si sumás lo que estaba exteriorizado antes, el 50%. Con una alícuota de 2 puntos sobre eso se puede generar entre medio y un punto del PBI. Si es para acomodar las cuentas públicas, generar confianza y mejorar la situación financiera, no lo veo escandaloso. Sería una señal de que el ajuste lo están pagando todos. Hay posibilidades de recaudar 2,5 o 3 puntos del PBI destinados a mejorar la situación fiscal

¿Qué este año terminará cómo?
Con más de 1% de déficit primario.

¿Todo esto lo dice pensando en ajuste y equilibrio o también en algo de crecimiento?
Creo que hay una chance de crecimiento. El Gobierno tiene que definir sus prioridades y tiene que haber un marco fiscal, un marco monetario y una política de ingresos consistente. A partir de ahí, hay que sentarse con el FMI, explicar el programa, explicar por qué va a tener resultados y a partir del acuerdo sobre la parte fiscal sentarse con los acreedores.

¿A eso vendrían atadas las reformas de las que ya se había hablado antes con el FMI?
Personalmente no veo urgencia para encarar las reformas. Lo primordial es que quien asuma tenga poder político para liderar una agenda consistente en lo económico. Si esas reformas no las hace un gobierno con fortaleza política terminan siendo modificadas en el Congreso, y generalmente para mal.
Desde el punto de vista laboral, lo que más impacto tiene hoy en las empresas es la litigiosidad. El mejor servicio que se le puede hacer al mundo empresarial en el tema laboral es ahí. Después se verá si el mejor camino es hacer convenios por actividad o algo general. En algunos sectores hay que modernizar la legislación. No me queda claro que para todos sea lo mismo.

¿Y la reforma previsional?
No digo que no haya que hacerla nunca, pero tampoco hay urgencia porque no genera un impacto en el corto plazo. La experiencia brasileña es bastante exitosa, pero no tuvo impacto para acelerar la recuperación económica. Se tendría que reunir una comisión de especialistas, que los hay, explicar por qué es necesaria y que no quede solo como un ajuste fiscal. También habría que distinguir entre los beneficios otorgados después de haber hecho los aportes de ley y los que no y ver qué se hace con la edad. Que la mujer tenga una edad diferencial para acceder al beneficio va en contra de las otras iniciativas de igualdad de género.

Finalmente, ¿qué se puede hacer con la política monetaria y las tasas de interés?
Si das certidumbre sobre el tipo de cambio, con acuerdos de que la inflación va a ir convergiendo de manera ordenada y que el tipo de cambio no se irá atrasando en términos reales, los rendimientos en pesos compiten con los rendimientos en dólares. Con previsibilidad, un sendero fiscal que tienda al superávit y una renegociación de la deuda que quite incertidumbre, la tasa se podría situar varios escalones por debajo. Con consistencia política macro fortalecida por un acuerdo económico y social, puede ser creíble que el año que viene la inflación converja al 38%. Sin requerimientos financieros que cubrir en el exterior, una tasa positiva real en pesos del 8% sería suficiente para generar demanda de pesos. Estamos hablando de una caída de un tercio de la tasa actual.